lunes, 19 de enero de 2009

Otro meme


Otro meme super chulo de Mayu. Y éste se lo paso a Mayu de nuevo, se lo merece, a Blanca y a Mamen. porque me gustan las cosas claras, como son ellas.

Un meme


Mayu me ha dado dos memes, estoy contentísima!!

Uno es éste, meme vampiresco.
Las reglas del Meme son las siguientes:
1. Subir la imagen del Meme
2. Subir estas reglas
3. Compartir 3 cosas que nunca haya hecho y que me gustaría hacer
Aprobar oposiciones, jejeje.
Enseñar a esquiar a mi hija
Vivir en el extranjero
4. Compartir 3 cosas que nunca haya hecho y que nunca haría
Hacer daño a animales
Humillar a alguien
No ayudar a quien me lo pide
5. Elegir las personas para entregar el Meme
Pues elijo a Mamen, Blanca, Dangeles, Mara y Nuria
Por cierto, este Meme también me lo ha dado Dangeles, un cielo de mujer y que se inicia, como yo, en esto de los blogs. Muchas gracias, guapa!!!



sábado, 17 de enero de 2009

Alicia, 8 años. Humoresque, Dvorak

video

Aquí tenéis a mi hija, el año pasado, en un concurso en el que ganó el primer premio de su categoría.



Mamen me acaba de pasar este premio. Y yo estoy alucinada, no sé qué decir porque soy muy novata en esto. Pero me han encantado sus palabras y su detalle. Es una persona genial y muy generosa. Gracias, Mamen.

Supongo que tengo que pasarlo, de modo que se lo paso a Mayu, mi "fábrica de marcapáginas" personal. Un cielo de chica también.

martes, 13 de enero de 2009

Nieve en Madrid

El viernes pasado nevó en Madrid, y bien. Todo atascado, las carreteras sólo con un carril medio transitable (eso sí, como a 15 por hora), y hablo de las autovías nacionales... un horror.

Para los niños es una gozada, sí, pero yo no lo aguanto. En realidad no aguanto ni la nieve, ni el frío, ni la lluvia, ni el viento, ni la niebla ni todos los "accesorios" del invierno...

Y hoy, ahora, está empezando a nevar otra vez. Menos mal que sólo quedan dos meses y medio para que, al menos, se cambie a la hora de verano.

Y luego pongo fotos del otro día, ahora no puedo...

viernes, 9 de enero de 2009

Mi HAE



Así llevo el HAE que estoy haciendo. Lo avancé un poco en Navidades, pero ahora ya el pobre se va a quedar quietecito hasta Semana Santa, me temo...


Es éste (será) el resultado final que espero:


domingo, 4 de enero de 2009

Fin de las vacaciones navideñas

Sí, se terminan las vacaciones navideñas, que este año las he tenido casi escolares... pero qué pronto se pasa lo bueno.

Para empezar el año me he cortado el pelo. No del todo, no, pero 20 cm. sí... y me lo he alisado, nuevo look (no mucho, claro... no soy aún tan capaz).

Mañana de nuevo a Madrid, y el miércoles... rutina: trabajo, cole, deberes, violín, alemán, estudios... y frío!!! En fin, c'est la vie.

Esta semana intentaré poner fotos, de las vacaciones, de mi Hae, que algo he avanzado, de lo que pueda. E intentaré escribir, pero es que sin tiempo no me acaba de convencer. Me gusta la noche, la niña ya dormida, un cigarrito, silencio y el ordenador, pero sin pensar en madrugar, en estudiar... ¡qué ganas tengo de cambiar de vida, de aprobar las oposiciones!

sábado, 3 de enero de 2009

Cómo ha quedado Blanes







El día 28 fuimos a ver Blanes... después del temporal.



No lo entiendo; cada año pasa lo mismo (bueno, no tanto como este año), pero siempre lo dejan igual... ¿no hay algo que falla?






viernes, 2 de enero de 2009

"Salud", un relato que publiqué

No es de los mejores que tengo, pero sí el segundo que publiqué y le tengo mucho cariño

SALUD

Eva De Gregorio


En Enero de aquél año, mi madre recibió una carta de Salud. La letra era recargada, antigua, torpe. Estaba llena de faltas de ortografía y de sintaxis, pero el contenido, al final, resultó claro. Algo traducida, era aproximadamente así:

“Querida Lolín:
Este año no sé si podréis venir como siempre a mi casa en Pascua. No es por mí, yo siempre voy a estar a disposición de la hija de mi mejor amiga, pero paso a relatarte lo ocurrido, que cambia bastante mi situación.
Tuvimos Ubaldo y yo una conversación con nuestros hijos. Fue así, Lolín, tú podrás juzgar si hicimos mal o no.
Habló él, aunque la idea fue mía, pero es el padre el que debe hablar a sus hijos de estos temas. Les dijimos que nos habíamos enterado de que si moríamos, para heredar tendrían que pagar mucho dinero al estado. Por esas cosas de hacienda y las herencias.
Los hijos, Ubaldo y Benigno, nos escuchaban atentos; realmente no tenían miedo de nada, sabían que nosotros, sus padres, siempre habíamos estado muy pendientes de su comodidad.
La idea fue poner todo en vida a su nombre, y de ese modo, el dinero que hay que pagar es mucho menos.
Lolín, fíjate, les pareció bien, y ahora la casa es suya. Pero están haciendo obras, para separarla en dos, y es por eso que os digo que no podréis venir como siempre. Me da mucha pena no veros este año.

Un saludo afectuoso a toda la familia.
Salud”

Mi madre se quedó pensativa, y luego nos dijo que sentía que Salud algo le ocultaba. Decidió que iríamos, como siempre, en Semana Santa, al único hotel del pueblo. Necesitaba que Salud supiera que no olvidaría nunca lo bien que se había portado con todos nosotros.

Salud nació, vivió y murió en un pueblo grande de La Mancha, con las tradiciones muy arraigadas. Era una mujer alta, enjuta, cincuentona cuando la conocí. Siempre llevaba el pelo, negro, recogido en un moño, pero en lugar de ser liso, hacía onditas muy pequeñas. Sus vestidos no tenían otro color que el negro desde la muerte de su madre; el caso es que en ella no parecían de luto, otro color no le hubiera sentado mejor.

Fue amiga de mi abuela, y siempre nos invitaba a su casa por Semana Santa. Cinco personas más en una casa de pueblo no son nada realmente, tenía habitaciones de sobra. La recuerdo siempre andando rápido, yendo al corral a poner la comida a sus animales: gallinas, cerdos y dos preciosos caballos para mi visión de niña de ciudad, que servían para tirar del carro con el que llevaban los barriles de vino a vender.

Sus dos sitios preferidos eran la cocina y su mecedora cerca de la chimenea del salón. La cocina era muy grande, con el horno de leña, el fogón, los olores a guisos, pestiños, magdalenas…Allí Salud se encontraba a gusto, era su dominio. En el comedor, sentada en la mecedora, le gustaba hacer ganchillo. No necesitaba mirar la labor: colchas, bufandas, tapetes, cortinas salían rápidamente de sus manos mientras la mujer charlaba con algunas amigas que solían visitarla por las tardes. Salud mantenía encendidas las estufas hasta la hora de acostarse y desde que los gallos cantaban. No permitía que sus hijos e invitados pasaran frío ni hambre. ¿Hambre? Recuerdo que salía siempre de su casa hinchada, había comida por todas partes, y dulces y bollos, todos caseros.

En la vendimia, toda la familia iba a recoger las uvas, y alguna vez que fuimos al pueblo en esa época, conseguí ver cómo las mujeres, con las faldas arremangadas pisaban uvas en enormes barreños. Dos o tres mujeres en cada barreño pisaban cantando, saltaban sobre las uvas, descalzas. Salud siempre llevaba la voz cantante de su grupo. Sus dos hijos después se encargaban de meter aquél jugo en enormes barriles en la bodega de su casa. Misterio para mis hermanos y para mí, abríamos una trampilla del suelo del patio cubierto, bajábamos por una húmeda escalera de más de treinta peldaños, y aparecíamos en un recinto circular alumbrado con una simple bombilla que colgaba del techo. Los barriles de mosto componían el círculo exterior, eran doce, cada uno como de un metro de diámetro y más de tres de altura; se accedía a ellos con una escalera que reposaba en la pared, y cada uno tenía un grifo hacia media altura. El centro de la bodega estaba vacío.

Nada más llegar a casa de Salud empezamos a ver camiones, obreros, máquinas, grúas… Aquella inmensa casa de pueblo estaba siendo totalmente reformada. El corral no existía, y en su lugar había dos pequeños jardincillos a medio hacer. Mi madre fue a llamar a la puerta, pero no estaba en su lugar. Cerca de la esquina había una, a la derecha de donde había estado la original, y nada más dar la vuelta a la calle, otra; tenían números distintos; estaban en calles diferentes, pero hasta hace bien poco, aquella esquina pertenecía toda ella a la misma casa.

Llamamos a la primera, y nos abrió la puerta la mujer de Benigno, el hijo pequeño. Se habían casado hace poco los dos hijos, el mismo día. Nos hizo pasar a un comedor pequeño, y dijo que iba a llamar a la abuela. Cuando Salud llegó, echó tal mirada a su nuera que ésta salió de la habitación. Salud se sentó en silla, no había mecedora. Empezó a hablar.

- Lolín, no sé por qué has venido. Yo no quería que nadie se preocupara por mí ni por Ubaldo. Estamos bien, de verdad. Están haciendo una casa para cada uno, y a nosotros nos han dejado una habitación en medio.
- ¡Pero Salud ¿Les das la herencia en vida, y les falta tiempo para casi echarte de tu propia casa?
- Lolín, es que ya no es mi casa. Nunca creí que esto fuera a pasar; han sido ellas, mis hijos sería incapaces…
- No sé qué decirle, Salud…Si es que las cosas deben ser de uno hasta que se muera; luego ya se heredará.
- Pero ¿es que ya no se puede confiar ni en los hijos? – La pobre mujer se llevó las manos a la cara, aguantando el llanto. Cuando se recompuso continuó. – No os preocupéis, puesto que ya nada se puede hacer. Por lo menos estamos en casa, cerca de ellos, y cada día les veremos; seremos así felices.

Mi madre la abrazó, estuvimos allí un rato, charlando. Salud se excusaba por no poder servirnos nada para merendar, la cocina no era ya de ella. Le prometimos volver, por supuesto.

Dos años después volvimos, y Salud ya no merecía tal nombre; su vestido negro esta vez era de luto, quizá por ella y su marido. Le habían quitado su actividad frenética, sus animales, incluso su mecedora para hacer ganchillo. Nos dijo que ya no le apetecía hacerlo; sus nueras no utilizaban lo que ella hacía, y sus dos nietecitas necesitaban llevar ropa de marca, no hecha por la abuela del pueblo.

Cuando murió, nos enteramos por un recordatorio que enviaba Ubaldo, su marido, con una nota triste al dorso: “Salud os quiso mucho. Gracias”.